La enología es más que una profesión; es un arte que combina ciencia, intuición y pasión. Hoy tenemos el privilegio de conversar con Amelia Balbuena, enóloga de la bodega, quien nos comparte su visión y experiencia en el fascinante mundo del vino.

¿Cómo nació tu pasión por el mundo del vino?
Es una muy buena pregunta. Soy de Corrientes, una provincia limítrofe con Brasil, donde no se cultivan vides ni hay bodegas. Este año cumplo 20 años en Mendoza. Al salir del colegio empecé a estudiar Ingeniería Química y en el transcurso de los primeros cuatro años escuché hablar sobre el papel del enólogo, que es el encargado de dirigir la vendimia y elaborar los vinos. Me pareció super interesante el trabajo que hacían y dije: 'Yo quiero hacer esto', porque hacer una bebida milenaria como el vino y dar placer a los consumidores es lo que más me gusta. Con ayuda de mi familia, logré venir a Mendoza a estudiar y, gracias al universo, hago vino desde entonces.
¿Podrías compartir el momento más desafiante que has vivido en tu carrera como enóloga?
En general, los momentos más desafiantes en mi carrera siempre son cuando tenés que crear un nuevo vino por pedido a nivel comercial. Pero en definitiva, cada año, cada vendimia es un desafío ya que como enóloga hay que interpretar la vid y su entorno climático y elegir el mejor momento de cosecha para cada vino.
¿Cómo describirías tu estilo personal en la elaboración de vinos?
Me gustan los vinos auténticos, puros, que describen un lugar e intervenir de manera consciente en todos los procesos para que el consumidor reciba el mejor ejemplar posible de acuerdo a nuestra visión.
¿Qué valores guían tu labor en la bodega?
Interpretar la viña y los vinos que podemos obtener de ellas y respetar los procesos naturales es fundamental para lograr buenos vinos. Como mencioné, intervenir de manera consciente respetando la naturaleza con ayuda de buena tecnología es fundamental para obtener excelentes vinos. La paciencia es un don del enólogo que requiere de práctica y destreza.
¿Tenés alguna cepa que consideres tu favorita? ¿Por qué?
Malbec, soy una enamorada de nuestra cepa insignia, por la versatilidad que tiene para obtener diferentes vinos de ella, desde vinos jóvenes frutados hasta grandes vinos que se dejan añejar y tienen una muy buena evolución.
¿Cuál es el logro más significativo que aspiras alcanzar en el ámbito vitivinícola?
Hacer vinos que gusten y generen emociones en la gente, es el logro aspirado.
¿Qué tendencias reconocés actualmente en los hábitos de consumo de vino?
Novedades y modas van a haber siempre. Creo que hay que elaborar vinos para todos los gustos y paladares. También entiendo que hay vinos para cada ocasión y hay que enseñar al consumidor las diferentes posibilidades que se presentan en gamas de vinos y que puedan elegir por gusto.
¿Cómo visualizás el futuro del vino argentino en los próximos años?
El futuro del vino argentino no tiene techo. Cada día hay nuevos proyectos y nuevos estilos de vinos por lo que queda un mundo por explorar, y esa es la parte divertida de nuestra industria.
¿Qué oportunidades y desafíos identificás en la industria del vino?
En casi todas las provincias de Argentina ya se elaboran vinos con uvas autóctonas, por lo que es amplio el abanico de terroir por descubrir y eso es muy oportuno para el consumidor deseoso de conocer vinos nuevos y tendencias nuevas en el mercado.
¿Qué es lo que más te inspira a la hora de crear nuevos vinos?
Me inspira el amor que siento por esta profesión, la dedicación y responsabilidad que conlleva crear una bebida milenaria que sea de agrado para los consumidores que nos eligen. Una profesión que se transformó en un estilo de vida, donde la familia acompaña y es parte fundamental de mi vida.